domingo, septiembre 11, 2005

La historia de un soldado

Había una vez un soldado de guerra que estaba combatiendo contra todos sus miedos dentro de una pequeña caja de juguetes. Pero siempre lo hacía en ella, y nunca se atrevía a salir para combatir en la verdadera guerra, la cual estaba ocurriendo afuera.

Una muñeca desgastada, que estaba al lado de él, sí salía y le decía que el mundo de afuera era bonito, pero que también tenía peligros. Por eso, le recomendaba que no saliera, porque antes ella era una linda muñequita que tenía un hermoso vestido bordado, pero que al salir, se le fue desgastando, perdió la mayor parte de su pelo, un zapatito, y un ojo se le cerraba sólo hasta la mitad.

Viendo esto, el soldado, pensó que ya tenía suficiente con su propia batalla dentro de la caja, así que decidió no arriesgarse. Pero le extrañaba el hecho que la muñeca, a pesar de estar tan maltratada y de advertirle que afuera era tan terrible, aún así se aventurara al exterior. Sin embargo, de todas formas prefirió quedarse cómodo en la oscuridad.

Hasta que llegó el día en que se corrió el rumor. Se trataba que el niño, dueño de la caja, iba a regalarla, por lo que todos los juguetes debían salir de ella y aventurarse por su cuenta. Esto espantó al soldado, y pensó que debía encontrar una manera de no salir de ella. Meditó y meditó, pero era tanto el miedo, que no se le ocurría nada. "No quiero terminar como la muñeca", decía. "Esta caja es segura, por lo que no me pueden sacar!".

Pero el temido día llegó. La oscuridad se fue, los preciados bordes blancos de la caja ya no estaban, y el soldado se vio solo, y por su cuenta. Al mirar a su alrededor, se encontró con cosas que nunca antes había visto, como una alfombra, por ejemplo. La tocó, y le gustó su textura...con una suavidad que él no conocía. También, vio a otros juguetes desconocidos. No estaban maltratados como él esperaba que estuvieran, sino que se veían con experiencia. Habló con ellos, y estos le dijeron que el mundo era bueno y malo, pero que había que aprender a estar con él. Le dijeron que iba a encontrar con muchos obstáculos, pero que ellos lo harían crecer y disfrutar con más ganas de sus batallas ganadas. Y de eso se trataba la verdadera guerra, le explicaron. De ganar pequeñas batallas, día a día, y así, poder ganar la guerra entera.
"Me quedo en este mundo? o busco otra caja de juguetes?", pensó. "Puedes hacerlo"- le dijeron- "pero te perderás la Gloria de ganar la guerra entera".
Entonces se quedó.
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Al poco tiempo, este pequeño soldado me lo encontré, y siempre lo llevo en mi bolso.
Espero aprender algo de él.

1 comentario:

karen dijo...

Hmmm linda enseñanza, pero al soldado lo dejaría libre para que siguiera viviendo su mundo y además también le diría que no siempre estamos en batallas, ni que no siempre tiene que saber ganar la guerra. Hay veces que hay que saber perder, hay veces que sólo no podemos hacer nada, pero de eso se pueden sacar muchas enseñanzas más y mucho más beneficiosas. Creo que definitivamente la verdadera batalla es la que tenemos con nosotros mismo, los miedos, los odios, los rencores y todas aquellas cosas que no dejan ver el mundo de afuera.

He dicho...

Un abrazo y un beso amiga te quiero mucho y no te rindas en la batalla :)